Los jardines de Paghman
Cuando el espectáculo de las bombas, los tanques, las formaciones de a uno, los tiroteos, el fuego cruzado, más bombas, los morteros, obuses, granadas… cuando todo pasa, el paisaje se deforma, pierde color, las alcantarillas rebosan de cascotes, y el Skyline de la ciudad pasa a ser una línea informe de boquetes enrabietados.
Aunque parezca mentira Afganistán tuvo sus días de gloria, sus momentos de júbilo y belleza, tuvo sus jardines, más concretamente El jardín Paghman, una delicia paisajística ordenada por el Rey Amanullah, quien trajo a expertos de todo el mundo para convertir al pequeño pueblo de Paghman en un lugar de retiro veraniego.
La pequeña localidad está a las faldas de Hindu Kush, un lugar realmente pintoresco que fue elegido por su emplazamiento privilegiado en Kabul, de hecho, el parque significaba el triunfo de la convergencia de las culturas, un triunfo que se erguía imponente en el arco que oteaba todo el parque y dejaba a foráneos y extraños con la boca abierta.
Esa realidad es bien distinta, la guerra pisoteó, maltrató y escupió sobre la cultura de Afganistán, y los objetivos de las cámaras furtivas recogieron lo que hoy es la representación más macabra de la guerra.

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